Ramón Orlando: 50 años dando clase

Ramón Orlando se tomó sus 50 años en la música tan en serio como Pamela Sued se toma las celebraciones de sus cumpleaños. Pensó en grande, escogió el Estadio Olímpico y llamó a prácticamente todo el que ha pasado por la música dominicana en las últimas décadas.

La noche del miércoles 23 de septiembre, alrededor de 70 artistas llegaron a acompañarlo en lo que parecía una idea descabellada.

“Hubo gente que dijo que yo estaba loco”, contó durante la promoción. Hasta el comunicador Josell Hernández, su amigo, publicó ayer que cuando Ramón le contó el plan, pensó que estaba de remate y trató de convencerlo de hacer algo más pequeño.

Ramón no le hizo caso. Terminó tapándole la boca a él y a todos los que dudaron de él. El Olímpico se reventó en una fiesta que se extendió hasta después de las cuatro de la mañana. Porque medio siglo de carrera, decenas de éxitos en la costilla y colaboraciones con medio mundo no se celebran juyendo.

El hijo de La Mazurka

Ramón Orlando Valoy nació con la música en el apellido. Su papá, Cuco Valoy, ya era una figura de la música dominicana, con éxitos como Juliana, Nació varón y El divorcio.

Ramón comenzó jovencito en la agrupación de su padre, pero también estudió en el Conservatorio Nacional de Música, donde se graduó como maestro de piano, además de desarrollarse como compositor, arreglista y director musical. O sea, lo de “el maestro” no se lo inventaron un día en un departamento de mercadeo.

A diferencia de otros nepo babies que andan locos por demostrar que su fama no tiene nada que ver con la familia, Ramón nunca ha negado el papel de su padre en su carrera. De hecho, aunque al principio lo que le gustaba era la batería, fue Cuco quien lo mandó a estudiar piano, instrumento del que se enamoró de por vida. “Yo soy un privilegiado de haber nacido hijo de Cuco Valoy y de La Mazurka”, ha dicho.

Pero a mediados de los 80 empezó el camino por su cuenta. Cuando la Orquesta Internacional debutó en 1986, Ramón no llegó precisamente como un desconocido. Ya tenía nombre propio y los inversionistas del proyecto le dieron la dirección y un peso importante en las decisiones.

Peter Cruz y Henry García eran los cantantes principales. Peter interpretaba Cometa blanca, Henry Cómo te atreves y Ramón Loco de amor. Ramón también terminó cantando cuatro de las primeras diez canciones que grabaron. La combinación de ese protagonismo y el poder que Ramón tenía dentro de la orquesta terminó generando conflictos de ego que llevaron a Peter y a Henry a salir de la agrupación.

La Internacional siguió con Ramón y el éxito le cayó atrás. En 1992 ganó siete Premios Casandra en una misma edición y compartió el Gran Soberano con Juan Luis Guerra. Ya nadie necesitaba explicar de quién era hijo.

¿Esa también es de Ramón?

Después llegaron canciones que hicieron bastante difícil pasar los 90 sin escuchar a Ramón Orlando. Te compro tu novia, El venao, Hecha para mí, Gotas de pena, Más, Te quiero y Nupcias forman parte de un repertorio que lleva décadas sobreviviendo navidades, bodas y todo tipo de fiestas.

Pero para medir hasta dónde llega Ramón hay que mirar también fuera de sus propios discos. Incluso antes de esa etapa tomó Fernando, de ABBA, y la convirtió en el merengue Si tú piensas que no te amo para La Tribu.

También está todo lo que puso en voces ajenas. Miriam Cruz grabó composiciones suyas como La loba, La carnada y Esa loca; Anthony Santos, Creíste y Me enamoro; y ni hablar de Rubby Pérez, para quien compuso El perro ajeno y le hizo el arreglo de Volveré.

Décadas después, su nombre sigue apareciendo en créditos de todo tipo. En 2022 trabajó en 15,500 noches, de Romeo Santos, junto a Rubby Pérez, Toño Rosario y Fernando Villalona. Y en 2025 terminó metido hasta en un dembow. Chaki Bley retomó Una chica bien, que Ramón había escrito para Diómedes y El Grupo Mío en los 90, y la convirtió en Una chica good.

Todos los caminos llevaban al Olímpico

Ramón llevaba casi dos años diciendo que quería hacer algo grande, buscando patrocinios y armando una lista de invitados que parecía no terminar nunca. La primera llamada fue para Milly Quezada y la segunda para Fernando Villalona. Los dos dijeron que sí de una vez.

Poco después de las ocho de la noche, Ramón abrió el concierto y comenzó un desfile de una gran parte de la historia de la música dominicana. Milly cantó Para darte mi vida y Solo contigo, mientras Maridalia Hernández apareció más adelante con Balada de amor, No me importa y Para quererte. Juan Luis Guerra interpretó Las avispas y La bilirrubina, 34 años después de que él y Ramón compartieran el Gran Soberano de 1992.

La cosa no se quedó en la generación de los veteranos. Mozart La Para y Chimbala pusieron la cuota urbana, mientras que la madrugada trajo mambo con Oro Sólido, Tito Swing y Omega.

También hubo espacio para quienes faltaban. Alex Bueno y Rubby Pérez, que habían aceptado la invitación de Ramón, fallecieron antes de que llegara la noche. El concierto terminó convirtiendo aquellas participaciones que no pudieron ser en homenajes. Uno de los momentos más emotivos estuvo dedicado a Rubby, cuya hija Zulinka, junto a Miguel, interpretó De color de rosa y Volveré.

La lista de invitados también tenía mucho reencuentro. Juan Luis Guerra, Fernando Villalona, Sergio Vargas, Maridalia Hernández y el propio Ramón habían formado parte del catálogo de Karen Records, sello fundamental para el merengue de aquellos años. 

Para Ramón, hacer este concierto era “hacer patria” y tal vez ninguna imagen resumió mejor esa intención que Ramón al piano junto a Sergio Vargas, Fernando Villalona y Eddy Herrera cantando Dominicano soy, mientras sostenían entre todos una bandera dominicana.

Y entonces sonó Juliana

Si había una canción capaz de resumir varias generaciones en una sola tarima, era Juliana.

Cuco Valoy la escribió y la convirtió en uno de sus grandes clásicos junto a Los Virtuosos, la agrupación en la que Ramón comenzó su carrera. Pero la música la hizo Ramón en 1977, cuando todavía era el pianista jovencito de la orquesta de su papá. Años después, en 1997, la canción tuvo una segunda vida con DLG. Sergio George produjo y arregló aquella versión, Huey Dunbar puso la voz principal y el propio Cuco apareció como invitado. El tema, que ya era parte de la historia de la música dominicana, se volvió a pegar, esta vez en plena explosión de la salsa de los 90.

La historia llegó al Olímpico. Cuco, Ramón y Sergio George terminaron juntos sobre el escenario tocando Juliana, casi tres décadas después de aquella versión de DLG y medio siglo después de los primeros pasos de Ramón junto a su padre.

Más que otro número del concierto, fue uno de sus puntos más altos. Una canción que ha sobrevivido generaciones reunió en vivo a varios de los responsables de su historia.

50 años después

La noche no fue perfecta. Hubo problemas de logística en la entrada y un cañón de confeti dejó varias personas afectadas durante la participación de Juan Luis Guerra. Pero el camino hasta el Olímpico tampoco había sido fácil.

Durante meses Ramón habló de lo difícil que era conseguir que las grandes marcas respaldaran un espectáculo que llegó a presupuestarse en unos RD$60 millones. El apoyo finalmente llegó desde el Gobierno, a través de la Presidencia de la República y el Ministerio Administrativo de la Presidencia, y desde el sector privado con GBC Farmacias y Arajet, entre otros colaboradores del montaje. 

Conseguir el dinero era solo una parte. Conseguir el público era la otra. Con boletas desde RD$1,000 y decenas de artistas aceptando subir a tarima sin cobrar ni un peso, Ramón apostó a la solidaridad entre colegas y al cariño del público. Y funcionó. El Olímpico se llenó.

En 2025, Ramón llevó su Merengue Sinfónico hasta la sala principal del Conservatorio Chaikovski de Moscú, acompañado por su orquesta sinfónica. Un año después hizo historia en casa, en un estadio acostumbrado a recibir grandes giras internacionales.

Porque llenar el Olímpico fue la hazaña de una noche. Llegar hasta ahí con canciones que han pasado de abuelos a padres e hijos es la de toda una carrera.

Después de medio siglo, Ramón Orlando no solo sigue sonando. Sigue uniendo generaciones, sigue inspirando, sigue creando. El maestro sigue dando clase.